Por Eric Ortiz
The Whale (2022)
The Whale, de Darren Aronofsky, arrancó la décima primera edición del Festival Internacional de Cine de Los Cabos. Desde su premiere mundial en el pasado festival de Venecia, ha sido particularmente notoria y controversial por el rol protagónico de Brendan Fraser: Charlie, un hombre con obesidad mórbida.
La caracterización de Fraser es, sin duda, memorable. Charlie no se puede mover sin andadera, enseña escritura en línea pero mantiene apagada la cámara web para esconder su aspecto de la clase, y no para de comer pollo frito o pizza.
The Whale no sólo es esto pues toca muchos otros temas partiendo de una aproximación teatral: está basada en una obra de Samuel D. Hunter –también guionista de esta adaptación– y se desarrolla enteramente en una locación (el departamento del protagonista), con un puñado de personajes que entran y salen de cuadro. No se necesita más para la construcción de un retrato duro, lleno de emotividad.
Desde el inicio está claro que Charlie está al borde de la muerte y que no considera ir a un hospital. The Whale funciona como una revisión de la vida de su protagonista. Ahí está su verdadero núcleo, el pasado –tan amoroso, como doloroso y trágico– se va revelando en el transcurso de una semana y descubrimos que llevó a Charlie a su situación: dejó a su mujer (Samantha Morton) e hija (Sadie Sink) y, eventualmente, sufrió la muerte de su novio, Alan.

Aronofsky y Hunter ahondan en conceptos religiosos como la salvación, además de otros como la homofobia. Asimismo, revelan la búsqueda de paz del protagonista, la cual depende primordialmente del reencuentro con su hija: una adolescente problemática a la que no ha visto desde que era niña, pero a pesar de eso representa su mayor preocupación.
The Whale encuentra humanidad y honestidad en cada uno de sus afligidos personajes –también están la hermana de Alan, quien asumió el rol de cuidadora de Charlie (Hong Chau), un joven misionero (Ty Simpkins) y hasta un repartidor de pizza casi anónimo (Sathya Sridharan)–. La película evoca al Aronofsky de El luchador (The Wrestler, 2008) y es uno de sus trabajos más empáticos.
As bestas (2022)
La producción española-francesa As bestas, dirigida por Rodrigo Sorogoyen, se desarrolla en una aldea gallega, aunque sus personajes centrales son una pareja de granjeros de origen francés, quienes llevan un par de años viviendo allí –Olga y Antoine, interpretados respectivamente por Marina Foïs y Denis Ménochet (el granjero que ocultaba de los nazis a Shosanna y su familia en Bastardos sin gloria)–.
En una época donde el cine refleja constantemente la evidente xenofobia que existe en el mundo, As bestas presenta la clásica hostilidad entre vecinos. En este caso son dos hermanos gallegos (Luis Zahera y Diego Anido) los que comienzan a hostigar principalmente a Antoine, quien en respuesta empieza a grabarlos para tener pruebas, sin embargo éstas no tienen mucho éxito con las autoridades.

As bestas sobresale por sus logradas secuencias de tensión mundana in crescendo y por el complejo trasfondo del conflicto. Una compañía de energía eólica busca comprar los terrenos de la aldea. El inmigrante Antoine, de una clase más acomodada que los locales, está en contra. Románticamente considera el lugar su hogar, incluso ha hecho trabajo sin remuneración para restaurar casas con la intención de atraer a más gente. Además, piensa que la propuesta económica no es justa. Los hermanos, por el contrario, son parte de la mayoría de aldeanos que ven la venta como su primera –y probablemente única– oportunidad para poder aspirar a algo más de lo que han conocido toda su vida.
As bestas dura casi dos horas y media, sin dejar de ser interesante o perder tensión. En un momento, Foïs pasa al centro de las acciones como una mujer con una valentía y resiliencia admirable; su hija (Marie Colomb) y la madre anciana de los hermanos gallegos (Luisa Merelas) también resaltan la perspectiva femenina tras el punto culminante de la “bestialidad” masculina. As bestas es una potente muestra de las consecuencias de la violencia.

