Por Eric Ortiz
Si la concepción y el nacimiento son temas siempre presentes en el cine de Gaspar Noé, para él la muerte es igualmente importante: “Cuando escribes una oración, siempre pones punto final. Hablar de la muerte es simplemente ponerle punto final a tu oración”.
Por ejemplo, el cineasta radicado en Francia desarrolló un pasaje de su primer largometraje, Solo contra todos (Seul contre tous, 1998), en un hogar de ancianos e hizo énfasis en los pensamientos desoladores sobre la vejez y la muerte del carnicero interpretado por Philippe Nahon –personaje que apareció por primera vez en el mediometraje Carne (1991)–. Para la icónica Entra al vacío (Enter the Void, 2009), Noé tomó inspiración de El libro tibetano de los muertos y plasmó un viaje astral psicodélico en primera persona tras el asesinato del protagonista. Su película más reciente, Vortex (2021), es una aproximación al ocaso de la vida centrada en una pareja de ancianos, interpretados por Dario Argento y Françoise Lebrun. Él es un escritor que años atrás sufrió un infarto, mientras que ella padece demencia.
“Había hecho muchas películas con personajes jóvenes y lo pude seguir haciendo. Después de una película con escenas eróticas con una pareja joven y hermosa (Amor, 2015), realicé esta película con bailarines bellos que bailan y son drogados contra su voluntad (Clímax, 2018). Antes hice otra con un joven traficante en Japón (Entra al vacío). Me identifico con estos personajes tanto como me puedo identificar con alguien que es 25 o 30 años mayor que yo. La demencia es un tema que conozco, que vi: mi madre perdió la cabeza al final de su vida. Siempre pensé que sería un buen tema para una dulce película de terror psicológico” reveló Noé, quien finalmente tuvo la oportunidad de llevar a cabo esta idea durante la pandemia de la COVID-19. “El proyecto vino de una propuesta de mis productores, quienes me preguntaron en enero de 2021 si tenía una idea para una película que se pudiera filmar con dos o tres actores dentro de un espacio cerrado. Esto porque durante el confinamiento era casi imposible filmar una película en un club o en las calles”.
Aunque Noé no considera que el proceso “haya sido diferente”, Vortex se completó rápidamente: “encontramos la locación antes que a los actores. Mis primeras dos ideas fueron Dario Argento y Françoise Lebrun, terminé convenciéndolos y también escribí un guión de 10 páginas que nos ayudó a conseguir más fondos. Luego tuve que encontrar al hijo, ya conocía a este actor, comediante televisivo y director de cine llamado Alex Lutz, quien luce un poco como la mezcla de ambos (Argento y Lebrun), aceptó y de pronto tenía al equipo para hacer esta película. Filmamos muy rápido por cuestiones económicas y porque ellos tres tenían compromisos con otros proyectos justo después. Todo sucedió rápidamente, también la edición. Vortex fue concebida a finales de enero y para principios de julio la estábamos entregando en el Festival de Cine de Cannes”.

Vortex se desarrolla mayormente en el apartamento de los protagonistas. Vemos su día a día y cuando los visita su único hijo. A lo largo de la película son evidentes las muestras de amor entre los personajes, así como la dureza de la vida misma. La madre suele deambular en la casa o fuera de ella –poniéndose en riesgo–, siente confusión y miedo, en ocasiones no reconoce a sus seres queridos. El padre trabaja en un libro sobre cine y sueños, ve un pasaje de Vampyr (1932) o intenta comunicarse con una antigua amante. Siempre está propenso a estresarse por la situación de su esposa. El hijo tiene sus propios demonios, relativos a su batalla contra la adicción a las drogas –otra faceta de un tema por excelencia de Noé–, está criando a su propio retoño mientras se preocupa e intenta ayudar a sus padres aunque sin mucho éxito: el papá en particular rechaza por completo la idea de dejar su hogar de toda la vida rumbo a un entorno menos riesgoso en un asilo.
Noé recordó pensar “que toda la historia sería aún más emotiva si el hijo, quien debería cuidar a sus padres, es disfuncional. Te das cuenta que hay tres personajes sufriendo, no sólo uno o dos, el hijo sufre por razones personales pero también por no poder ayudar a sus padres. La película es amorosa con sus personajes pero también es un melodrama en el que no hay salida. La película es cruel aunque cálida porque todos se apoyan pero nadie sabe cómo solucionar el problema. Y es que no hay solución al problema, es el problema de la flecha del tiempo y el envejecimiento. De hecho, no es un problema porque sin la flecha del tiempo nadie crecería. Siempre es la misma historia”.
En 2012 Noé eligió Amour (2012) de Michael Haneke –otro filme sobre la vejez, la enfermedad y la muerte–, entre sus películas favoritas de todos los tiempos en la famosa encuesta de la revista Sight and Sound. Para Noé es importante reflejar en pantalla estos temas porque “es un gran tabú lo mucho que la gente tiene miedo de perder el control en la vejez. La mayoría de la gente le tiene mucho más miedo a la vejez que a una guerra nuclear o a la pobreza. Por eso no hay muchos proyectos representando esa parte de la existencia. Ves muchas películas sobre asaltos a bancos, pero los asaltos a bancos casi nunca ocurren. La demencia sucede en casi todas las familias. Las situaciones que viví en mi familia son situaciones que casi todas las familias atraviesan, a veces es el padre quien muere antes que la madre, en ocasiones es al revés, a veces las personas sufren de párkinson o de otra enfermedad cognitiva. El envejecimiento no es un chiste, la vejez no es para cobardes”.
Asimismo, en Vortex, Noé continúa compartiendo abiertamente su cinefilia: si en Irreversible (Irréversible, 2002) sobresale el póster de 2001: Odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968) y en Amor los de Taxi Driver (1976), Salò o los 120 días de Sodoma (Salò o le 120 giornate di Sodoma, 1975) y Flesh for Frankenstein (1973), entre otros; afiches de filmes como Metrópolis (Metropolis, 1927), de Fritz Lang, y Una mujer es una mujer (Une femme est une femme, 1961), de Jean-Luc Godard, adornan la locación principal de Vortex. “Siento que esos tipos son como mis amigos aún si nunca los conocí personalmente. Rainer Werner Fassbinder es un amigo cercano, lo conozco, he visto sus películas. De hecho la gente piensa que me conocen porque han visto mis películas, tú ya me conocías antes de que nos conociéramos”, contó Noé.

El personaje de Argento, como mencioné, está escribiendo un libro ensayístico sobre la cualidad onírica del cine y de la sala cinematográfica, referenciando a Federico Fellini y Kenji Mizoguchi. “Yo no escribí sus diálogos, él improvisó esas escenas. Solía ser un crítico de cine y estaba hablando por teléfono con otro crítico, un amigo suyo. Traté muchas veces de encontrar un libro sobre el lenguaje de los sueños trasladado al cine y nunca lo encontré. Entonces pensé que es extraño que nadie haya escrito sobre ese tema y que probablemente un día yo intentaría escribir sobre eso, pasé mucho tiempo trabajando en películas que no encontré el tiempo para escribir un ensayo sobre el lenguaje de los sueños. Me gustaría leer algo bueno sobre eso, por lo que le dije a Dario: imagina que estás escribiendo un libro sobre ese tema. Traté de tomar lo que estaba escribiendo con una pluma pero sólo estaba fingiendo, no estaba escribiendo algún ensayo de verdad”, Noé recordó riendo.
Previo a la filmación de Vortex, la relación entre Noé y Argento –maestro absoluto del giallo y del terror italiano– iba más allá de los guiños que Gaspar le ha hecho en su cine: le agradeció en los créditos de Solo contra todos; usó un tema musical de Goblin, original de Rojo profundo (Profondo rosso, 1975), en la secuencia clave cuando el condón se rompe y cambia el destino de los protagonistas de Amor, y un VHS de Alarido (Suspiria, 1977) se puede ver en la escena de la audición al inicio de Clímax.
Noé y Argento, de hecho, se conocen desde hace más de 30 años: “lo conocí en el Festival de Cine de Toronto, creo que en 1991. Estaba mostrando Carne, mi película de 39 minutos que hice antes de Solo contra todos con el mismo personaje. El tipo que se encargaba de la sección Midnight Madness nos presentó, cené con él y le gustó mi película, me preguntó si podía ayudarme en algo con mi primer largometraje. Así nos hicimos amigos. Vive en Roma entonces no lo veía tan seguido, pero me lo encontraba en otros festivales de cine y me hice amigo de su hija Asia en París. Luego él vino a mi cuarto de edición cuando trabajaba en Irreversible. Hablábamos de vez en cuando, si yo estaba en Roma me comunicaba con él, si él venía a París a veces me llamaba, a veces no. Es una amistad longeva que terminó en esta propuesta. No me tomó mucho tiempo convencerlo de aparecer en la película, pero realmente lo que lo hizo feliz fue que le dije: tú te encargarás de tu propio personaje, yo no te escribiré ningún diálogo, sólo me ocuparé de la cámara. Entonces no se sintió presionado. También llegamos a platicar sobre Umberto D. (1952), la película de Vittorio De Sica que nos encanta a ambos”.
La otra conexión italiana en Vortex está relacionada con el uso de música, parte de la esencia del estilo de Noé. En esta ocasión el nombre del legendario Ennio Morricone destaca desde los créditos, que con Noé suelen aparecer al inicio de sus películas. Una secuencia dolorosa que involucra al hijo y esos demonios del pasado que nunca se van, es acompañada por una composición de Morricone.

“Hay dos piezas de Morricone en la película, una mientras discuten y la otra en dicha escena. No me estaba inclinando al spaghetti western o algo así. Simplemente estaba editando la película y escuché esa música, alguien me envió un cortometraje y habían usado esa pieza, pensé: ¿qué diablos es esta música grandiosa? Terminé usando Shazam y encontré que era la música de My Name Is Nobody (Il mio nome è Nessuno, 1973) –titulada “Se sei qualcuno e’ colpa mia”–. Entonces para la escena en la que el hijo está fumando heroína otra vez, añadió algo de estrés que era muy eficiente. Pero no estaba pensando en ese western, sólo en lo bien que estaba funcionando en esa particular escena. Luego pagamos por los derechos. Ennio Morricone hizo música para Dario, es el maestro de los soundtracks en Italia y era muy productivo, no creo que haya existido un músico tan productivo como Morricone”, destacó Noé.
Vortex hace uso de la pantalla dividida (split screen), un recurso que Noé viene explorando desde el mediometraje Lux Æterna (2019), protagonizado por Béatrice Dalle y Charlotte Gainsbourg: “Luego de hacer con split screen Lux Æterna y esta otra película que puedes ver en Internet, Summer of ’21 (2020) –un estilizado corto para la casa de moda Saint Laurent con Charlotte Rampling y la canción “I Feel Love” sin parar–, pensé que podía usar el mismo lenguaje para Vortex. La pantalla dividida encajaría mucho más con esta historia que incluso con los otros dos filmes que hice antes”.
Si en Lux Æterna –que aboga por el cine como arte por encima de la industria–, la pantalla dividida refleja el caos del rodaje de una película sobre la caza de brujas, en Vortex termina representando poderosamente la ausencia. Vortex es, sin duda, un filme sobre el duelo y cómo inevitablemente “el tiempo lo destruye todo”.
“En la vida real cuando pierdes a alguien que es muy cercano a ti, durante meses y meses hay algo que falta, todo el día sientes que falta algo a tu lado. Es una manera gráfica de representar esto. La muerte te recuerda que estás viviendo en un sueño que flota sobre el vacío. Entre más personas mueren a tu alrededor, toda la experiencia de la existencia parece más un sueño”, concluyó Noé.

